Deja de anestesiar tu depresión.

Buscando información sobre la depresión antes de escribir este artículo, veo que la describen como una enfermedad severa, en la que intervienen factores genéticos. Bueno, prefiero no meterme en dar mi opinión sobre lo que acabo de decir, ya que en cuanto a la genética no puedo decir nada, pero sí voy a dar mi opinión sobre la depresión.

La mayoría de nosotros, seguro que hemos ido alguna vez al médico para decirle que no tenemos energía, que nos sentimos tristes, que no paramos de llorar, etc., y ya en algún momento en médico te para y te dice “usted lo que tiene es depresión”, anota en un papel lo que tienes que comprar en la farmacia y te marchas. Tiempo estimado, 8 minutos.

Cuando a mí me pasó eso, tendría como diecinueve años. En esa época para nada había comenzado a indagar en mi crecimiento personal, así es que me creía todo lo que me decían. No tenía que hacer nada más, tan solo tomar mi medicina y cuando alguien me preguntara que qué me pasaba, yo decir que tengo depresión, algo muy aceptado socialmente. Incluso te puedes dar de baja laboralmente.

El caso es que yo me pasaba las horas dormida, absolutamente dormida. En un curso se me caía la cabeza, en clase se me caída la cabeza, y en una cena con amigas me tuve que ir porque no podía abrir los ojos. ¿De verdad esa era la solución a mi problema?

El tratamiento lo acabé dejando (con supervisión), porque no le veía sentido. Y bueno no voy a entrar más porque en realidad no es de lo que pretendo hablar, solo quería compartir mi experiencia con los antidepresivos. Y ojo, que no digo que no sean necesarios en un momento puntual, yo no sé de medicina así es que no puedo decir eso, pero a mí no me sirvieron de nada, tan solo para mantenerme dormida y anestesiada. Es verdad que mis problemas ya no estaban, pero cómo van a estar si no podía acordarme de ellos, solo tenía tiempo para dormir. Pero eso no hizo que se resolvieran, cuando volvía en mí, seguían ahí, me volvía a poner mal, otro chute, y vuelta a empezar.

Con los años, profundizando en el terreno emocional, entendí que la depresión es un efecto, no es una causa. No se trata de que te digan “¿lloras mucho y no tienes ganas de vivir? Eso es depresión”, me parece un diagnóstico soltado muy a la ligera.

¿No sería más lógico saber el motivo de tu llanto? ¿de no querer vivir? ¿qué carencia crees que tienes o qué te estorba en tu vida?

Al no saber gestionar nada de lo que nos pasa, la bola emocional se nos hace cada vez más grande, porque no hacemos frente, no sabemos, o no queremos, y eso va haciendo que cada vez tengamos menos fuerzas, tengamos estrés, ansiedad, incluso algunos ganas de quitarse del medio.

Pero por favor, todo eso tan eso es un efecto, hay que ir a la causa, a lo que esté provocando todo eso. Y las pastillas que anestesian tu realidad y tu capacidad de reacción no te ayudan a eso, es todo lo contrario, te ayuda a taparlo, pero sigue estando ahí. ¿Me explico?

Yo no sé si un factor genético te hace propenso a la depresión. No sé, igual tu genética te hace inclinarte hacia ese lado cuando las emociones te desbordan, pero más bien te inclinas hacia no resolverlo, hacia sentir que no puedes, o que estás solo, que necesitas ayuda, y que mejor no la pides porque te avergüenzas para no  molestar.

¿Sabes la cantidad de personas que hay tomando antidepresivos? Puede ser esa persona con la que desayunas a diario y que te entiende tan bien, que te hace bromas, y te alegra el día, pero luego llega a su casa, le cambia la cara y se toma su pastillita anestesiante.

¿Por qué fingimos de esa manera? ¿Por qué las personas tienen tanto miedo a reconocer cómo se sienten? ¿Es malo sentir miedo? ¿Es malo sentirse triste? ¿Es malo echar de menos? ¿Es malo no verse capaz? Sí, en nuestra sociedad es malo, porque eso nos hace débiles, y la debilidad es mala. Esa es la historia que te contaron de pequeño ¿verdad?

Rebélate, no dejes que tu vida se convierta en un chute de antidepresivos para dormir por la noche, dos cafés por la mañana para soportar el día, y un montón de sonrisas falsas. Eso tu cuerpo no lo va a aguantar siempre, y ahí sí que tienes un problema como no lo gestiones bien.

No dejes que las costumbres de la sociedad te anestesien con antidepresivos, yo sé lo que es eso, y se nubla tu capacidad creativa, tu capacidad de ser tú mismo y, por supuesto, tu capacidad de resolver tu vida, ese es el miedo verdadero, esa es la causa que provoca ese efecto que algunos llaman depresión.

Si tú crees que necesitas ir al médico porque te sientes mal emocionalmente, ve. Yo también tuve que experimentarlo para ahora contarte todo esto. Pero no te conformes por favor, nunca te conformes. Busca, busca otra manera. Si necesitas tratamiento, tómalo, pero a la vez contacta con otro tipo de terapeutas, haz otras terapias hasta que des con la tuya. Necesitas lo primero terapia hablada, que alguien te escuche, y por supuesto mucha práctica. Tu cuerpo necesita soltar todo lo que tiene atrapado por no ser atendido, sí, tu cuerpo. Porque esos dolores de cabeza, de estómago, de rodilla, de muñeca, esa pérdida de visión, es tu cuerpo pidiendo ayuda. Está somatizando emocionalmente porque no atiendes aquello que te pasa. Vamos y me juego lo que sea, a que ahora sabes perfectamente de lo que te estoy hablando, sabes que te hablo de esa relación que no resuelves, de esos hijos con los que no hablas, de esa pérdida que no superas. Y no, no tiene que ver con que rompas con tu pareja o con que te sientes delante de tus hijos, hablo de lo que te está provocando no hacer lo que realmente sientes o de la historia que te estás contando por esa pérdida, como que nunca la vas a superar.

Todo tiene que ver contigo, todo. Y cuando empieces a mirar hacia ti y resuelvas tu vida, verás que empezará a nacer en ti el valor necesario para solucionar lo de fuera.

No te anestesies, que esto también es vida, y no te lo puedes perder.